Por medio de imágenes satelitales y sobrevuelos a ciertas áreas en que se sospecha pueda haber un yacimiento, las compañías petroleras hacen estudios sísmicos, los cuales consisten en la detonación de explosivos subterráneos a intervalos regulares para verificar el movimiento de las ondas sonoras a través de la tierra, ésto permite a los geólogos detectar las posibles reservas. El problema es que para hacer este trabajo es necesario abrir innumerables trochas y helipuertos, o sea, talar árboles, contaminar agua y hasta matar animales si hablamos de una zona selvática como el amazonas.
Luego se perforan pozos exploratorios, de más o menos 3 kilómetros de profundidad. Se extraen sustancias líquidas y gaseosas de las formaciones geológicas subterráneas y se determinan las cantidades de petróleo, agua y gas. Para dicho estudio es necesario despejar entre dos y cinco hectáreas de terreno, en donde se instala una plataforma de perforación y junto a ella se construye un hoyo para los desechos denominado “piscina”, en él se arrojan todos los desechos sin ningún control, con el tiempo éstos residuos se filtran a la tierra y a los riachuelos cercanos, contaminando todo a su paso. Aproximadamente 160.000 litros de petróleo “de prueba” por pozo, son quemados al aire libre sin ningún tipo de vigilancia sobre su temperatura.
Hasta dicho momento, el proceso está en su fase exploratoria, en caso de que las cantidades encontradas sean “comerciales”, se construyen pozos de producción y estaciones de separación (en donde se dividen el agua, el gas y el crudo puro). Éstos pozos generan alrededor de 20 millones de litros de desechos líquidos a diario.
Los problemas no se limitan a ésta fase, una vez extraído el crudo hay que añadir a la lista la cifra de accidentes naturales y por el mal funcionamiento de los oleoductos, los cuales se presentan durante su transporte . Según informes oficiales del gobierno ecuatoriano, los derrames provocados en el SOTE (sistema de oleoducto trans-ecuatoriano) y otros oleoductos secundarios son de unos 63 millones de litros al año; debido a que están construidos a ras del piso, son vulnerables a derrumbes, crecidas de los ríos, temblores, construcciones etc.

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